La vida en proceso. Nueva etapa y nuevas oportunidades de aprender

Algo característico de un proceso de desarrollo es su capacidad de creación de oportunidades.  En estos momentos tengo la oportunidad de, por unos meses, empezar a trabajar para la FAO en Etiopía en un proyecto para reforzar los sistemas de coordinación en torno a la resiliencia. Para ello la intervención pretende mejorar la comunicación y la gestión de la información, reforzar las capacidades en técnicas –entre ellas las de seguimiento, evaluación y de coordinación, de cara a que el gobierno a sus diferentes niveles mejore su capacidad de coordinar a los actores de desarrollo.

A nivel personal y familiar es una oportunidad, pero también es una renuncia. Uno al partir o al volver se da cuenta de lo que deja o dejó atrás. Muchas veces nos decimos que en la vida hay que salir de nuestra aldea, de la zona de confort. Los que se han pasado fuera de la zona de confort tanto tiempo, tienen las mismas ganas de por fin entrar dentro – de poder volver a la aldea-, que los que nunca han salido de su aldea tienen por emprender un viaje… que, siento el  spoiler, es menos romántico de lo que parece…

Siendo agrónomo trabajar para la FAO es todo un reto y un sueño hecho realidad. Pero quiero aclarar que he tenido, tengo, muchos sueños, la vida me ha enseñado que no hay un solo camino, ni un destino, sino solo camino, la vida es un proceso, la vida es andar…hasta que la ruta se difumina o  termina sin previo aviso.  En pocas ocasiones un sueño –si sólo es uno y es de verdad eso, un sueño- se hace realidad. Por eso la importancia de tener varios sueños, o de transformar en sueño el camino, mantener a ese niño de Bouvoir, ser capaz de mantener ese estado de espíritu para dar valor a lo que se nos presenta en ese camino…estar abierto al devenir, interiorizar que es en el camino donde descansa todo. Por suerte o por desgracia lejos del sueño de meritocracia americano, por mucho que nos esforcemos, mucho de lo que nos pasa en la vida llega por casualidad o con una dosis de suerte…que nunca ha de faltar.

Ahora tengo la oportunidad de tratar de poner en práctica algunas de las recomendaciones que tanto se han repetido en mi trayectoria en evaluación de proyectos.

Una de las más importantes es que todo proyecto de cooperación para el desarrollo no es un fin en sí mismo, sino más bien un medio para que los dueños de su desarrollo sigan su camino. Ello implica ver los proyectos con las lentes del aprendizaje y de la replicación. Aprendizaje de éxitos pero sobre todo de los fracasos. Pero en la vida real, fuera de las pizarras, cuántas barreras para ese aprendizaje del error, qué difícil es aprender de los fracasos… como difícil es encontrar tiempo para aprender cuando lo que urge es rellenar indicadores reconvertidos en metas del desarrollo, lo que nos hace tener una visión estática y fragmentada.  Ver sólo fotografías o palabras es perder el concepto del movimiento, perder la película, historia, el relato del cambio.

Algo característico de un proceso de desarrollo es su capacidad de creación de oportunidades.  Pero cómo  difundir oportunidades sin crecer de modo irracional…encontré aquí algunas pistas del grandísimo comunicador Carlos Taibo en esta intervención sobre el decrecimiento.

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