Una cultura organizacional positiva


Nicole Schaerer nos cuenta cómo construir una cultura organizacional positiva.  La cultura organizacional se puede definir como el carácter y la personalidad de su organización. Es lo que hace que su organización sea única y es la suma de sus valores, tradiciones, creencias, interacciones, comportamientos y actitudes.

Cómo podemos construir una cultura organizacional positiva y por qué hacerlo es parte integral de su éxito:

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Pensamiento positivo en nuestras organizaciones


Ryan Lowe nos habla de pensamiento positivo en Una actitud positiva es un “deber” en el lugar de trabajo

Uno de los requisitos previos más importantes para el éxito es una actitud positiva. Todo emplead@ o dirigente, debe tener una actitud positiva para (1) hacer frente a la adversidad, circunstancias, compañeros de trabajo o empleados. Una actitud positiva es (2) la base para alcanzar los objetivos establecidos por la organización. No solo (3) ayuda a lograr esos objetivos más rápido, sino que también (4) crea mejores relaciones, y ayuda a todos a disfrutar el trabajo que realizan.

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El conocimiento que debe, debería o podría gestionar una organización


Nick Milton nos indica que El conocimiento en una organización a menudo viene en 3 niveles de autoridad: debe, debería y podría

¿La gestión del conocimiento tiene que ser de arriba hacia abajo, imposición y control? ¿Debería la organización decirle a la gente qué hacer y cómo hacerlo? ¿Por qué no puede surgir el conocimiento, de abajo hacia arriba?

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La colaboración en los equipos de trabajo


Mientras que algunos equipos nos preguntamos por qué bailamos tan mal, Mariajosé Gavilán nos cuenta en El valor de la colaboración en los equipos de trabajo que para que un equipo de trabajo logre resultados eficaces, combinando conocimientos y experiencia de forma eficiente, será necesaria la presencia de un liderazgo efectivo, que motive, desarrolle y conduzca hacia el éxito. Los estudios apuntan que los líderes con buenas habilidades de comunicación —franca, directa y dialécticase encuentran en el corazón de los equipos de alto rendimiento.

Una parte fundamental de la formación de equipos de trabajo exitosos es la obtención de sinergias positivas, para que, con la suma de esfuerzos, habilidades y competencias, se obtengan mejores resultados que trabajando de forma individual. Si queremos obtener esta reciprocidad, necesitamos partir de una comunicación efectiva, que implica: (1) empatía, (2) sentido de la oportunidad, (3) escucha activa, (4) accesibilidad, (5) claridad y por supuesto, (6) retroalimentación. Así mismo, la comunicación efectiva sentará las bases para la colaboración.

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El bajo coste de motivar a las personas


PILAR JERICÓ en El Pais (24 Septiembre) nos indica que existe una técnica que cuesta poco y que tiene un alto impacto en la motivación de las personas: el reconocimiento. Sin embargo, brilla por su ausencia en las empresas. En España, por ejemplo, el 87 % de los trabajadores consideran que no se sienten reconocidos y el colectivo más afectado son las mujeres entre 25 y 54 años. Los trabajadores que no perciben reconocimiento tienen hasta dos veces más probabilidades de abandonar la compañía (o de caer en el despido interior, podríamos añadir). El reconocimiento motiva, ayuda a desarrollar nuestro potencial y nos compromete con lo que hacemos y con la persona. Si es tan importante y existe tan poco, ¿qué podríamos hacer para que fuera realmente efectivo? Veamos cinco claves prácticas.

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Aprendiendo con la movilidad de personas


 

En ¿Cómo difundir “buenas prácticas” en organizaciones grandes?,  Amalio Rey nos indica que a veces la mejor forma de transferir una experiencia de éxito a otras áreas es a través de mecanismos de movilidad de personas. Sigue leyendo

Coraje para no adoptar una innovación


En su artículo, Por qué el caso de Faber-Castell se estudia en Harvard, de abril de 2018, PAZ ÁLVAREZ nos cuenta cómo la historia del fabricante de lápices alemán Faber-Castell llamó la atención del profesor de Harvard Business School, Ryan Raffaelli, quién decidió analizar cómo una firma, fundada al calor de los artesanos que montaron sus talleres en Núremberg alrededor de 1660, sobrevive en la actualidad. En la villa de Stein, se asentó Kaspar Faber, que al principio trabajó para comerciantes locales, pero en su tiempo libre y por su cuenta producía lápices. En poco tiempo, el negocio fue tan exitoso que pudo montar en 1761 su propio negocio. Fue el arranque del mayor fabricante de lápices del mundo, que ha sido administrado por la misma familia durante ocho generaciones. Sigue leyendo