Cuando el intercambio de conocimientos se convierte en colaboración

Nick Milton nos cuenta en Cuando el intercambio de conocimientos se convierte en colaboración que hay un paso clave en la maduración de las comunidades de práctica cuando su enfoque cambia del intercambio de conocimientos a la colaboración.

La colaboración es un acto antinatural en los humanos. Somos animales tribales, y todos nuestros instintos nos llevan a ver la vida en términos de “nosotr@s y ell@s”.  Podemos ver este comportamiento en cualquier sociedad impulsada por la competencia por recursos limitados: (1)  equipos aislados, naturalmente, comienzan a competir contra los demás sin que nos lo indiquen. (2) Esta competencia, cuando se fortalece, comenza a conducir a un comportamiento destructivo.

Este es a menudo el caso en los negocios. Las divisiones compiten por el presupuesto y las personas y, como resultado, surgen y se fortalecen los silos organizativos tradicionales. Las formas tradicionales de formación de equipos (eventos sociales, películas, etc.) no rompen estos silos. Se necesita algo diferente.

Las comunidades de práctica pueden comenzar a romper estos silos. Inicialmente, las comunidades funcionan como un mecanismo de autoayuda, donde las personas en un silo plantean una pregunta que las personas en otros silos pueden responder. A través de los principios de reciprocidad y “que hay de lo mío”, el conocimiento comienza a fluir a través de las comunidades.

Sin embargo, hay un paso radical en el comportamiento de la Comunidad, cuando comienzan a enfocarse, no en el valor para el individuo, sino en el valor que colectivamente pueden generar. En un modelo de madurez comunitaria, este paso  es donde las comunidades pasan de ser un mecanismo para compartir conocimientos a un mecanismo para la colaboración.

En el experimento “Eagles and Rattlers”, los grupos de niñ@s en un campamento de verano se dividieron en tribus hostiles al darles tareas competitivas. Sin embargo, los investigadores pudieron cambiar el experimento completamente, y desarrollar una cultura de colaboración masiva, simplemente dándoles desafíos colectivos que cada grupo no podría resolver por sí mismos.

Paso simple, resultado masivamente poderoso. La forma de romper los silos es dar desafíos que ningún silo puede lograr por sí solo. Lo mismo se puede ver en el enfoque de dar a los directivos de organizaciones objetivos colectivos: dejan de competir internamente.

Las comunidades de práctica (CdP) pueden dar este paso casi como un proceso evolutivo. Recuerdo una reunión de la Comunidad hace muchos años, cuando alguien se puso de pie, con los ojos brillantes, y dijo: “muchachos, solo piensen qué lograríamos si todos trabajáramos juntos en esto. ¡Apuesto a que podríamos reducir los costos en un 50%!

Aquí es donde una CdP comienza a pensar menos en que una persona o equipo resuelva los problemas en otra, y más en reunir los conocimientos de todos para hacer un cambio significativo en el desempeño colectivo. Ahí es cuando comienza un sentido de verdadera colaboración dentro de la Comunidad, algo que anteriormente podría haberse sentido antinatural.

Ahí es cuando se puede comenzar a escuchar el sonido de las paredes del silo colapsando…

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