Kurt Wallender (Henning Mankel) y evaluación


Hace ya un tiempo  introduje en uno de mis posts el tema de la “ficción del desarrollo“. Hoy voy a contar sobre un activista que luego devino escritor (¿el post-desarrollo de la ficción?). Cuántas novelas podríamos escribir los que trabajamos en “desarrollo”…

A pesar de que hay algunas noticias sobre el declive de las novelas policiacas Nórdicas, el llamado “Nordic Noir“, quiero presentar hoy a uno de mis grandes compañeros de viaje, el detectice Kurt Wallender, gran evaluador y mejor persona.

Wallander es la creación del escritor sueco Henning Mankell. En 1989 Henning Mankell volvió a Suecia después de un largo periodo en África, especialmente en Mozambique, donde dirigió  desde 1986 el Teatro Avenida de Maputo (Mozambique).  A su regreso a Suecia, Henning Mankell quedó asombrado por la xenofobia que parecía haber comenzado a crecer en la sociedad sueca y decidió escribir sobre este tema. Dado que el racismo, según Mankell, es un delito, necesitaba un oficial de policía. De una búsqueda al azar en una guía telefónica nació el nombre de Kurt Wallander.

Entre 1991 y 2009, durante 18 años publicó  10 novelas de Wallander. La primera “Asesinos sin rostro” (“Faceless killers”) y la última “El hombre inquieto “(“The Troubled Man”).  Mankell es un intelectual de izquierdas comprometido activamente con su entorno (manifestaciones contra Vietnam y contra las guerras colonialistas, participó en una de las flotillas hacia Gaza en 2010, visita campos de refugiados…). En sus novelas hay muchas referencias a Africa y a las organizaciones humanitarias involucradas en África.

Algunas pistas para entender el universo (de ficción) Wallander:

  1. Kurt Wallander es un policía sueco obstinado y bueno pero, al mismo tiempo, difícil, gruñón y disfuncional. Aunque vive en una ciudad pequeña llamada Ystad, en la provincia de Skane al sur de Suecia, tiene el cansancio vital típico de un policía de una gran ciudad. Su entorno aparentemente por tanto es sereno, donde las cosas no deberían suceder, excepto que lo hacen: Las cosas (y vaya cosas) suceden muy, muy a menudo. Luego está el fondo: el suelo sombrío e implacable de la región Skane, en esta zona que hace frontera con Dinamarca. “Las áreas fronterizas tienen un dinamismo propio”, dice Mankell.
  2. Otros policías luchan contra sus demonios, pero Wallander a menudo parece que está poseído por ellos. Sus ojos enrojecidos, su expresión devastada y su comportamiento derrotado apuntan a un hombre que nunca consigue un respiro de la frustración y la angustia que se acumulan dentro de él. Es  un hombre permanentemente al límite, “una especie de herida abierta”. Un hombre que está aparentemente a un paso de tener un colapso total. Pero los malos días siguen sucediéndose, y Walander todavía sigue dando guerra. Cada crimen que resuelve o no (resuelve), todavía piensas que lo siguiente que va a hacer es simplemente…morir.
  3. La agonía mental de Wallander se debe en parte a su sensibilidad hiper-sensible por las víctimas de los crímenes, y a su inclinación por la introspección existencial mientras contempla su entorno.
  4. Hay un desequilibrio hacia detectives varones, pero cuidado eso no significa que no haya escritoras que escriben sobre detectives (sobre detectives mujeres o varones). Como en el caso de otros muchos otros detectives, el hogar de Wallander no es un ejemplo de armonía (para otro día dejaré el analizar este asunto, muy relacionado con el trabajo de investigación o evaluación y el equilibrio familiar). Walander es desordenado tanto en sus hábitos de sueño (duerme poco), como en sus hábitos alimenticios: toma café continuamente, come a deshoras y cualquier cosa (es adicto a la comida rápida). Su esposa lo dejó por otro hombre, tiene una relación difícil (lamentable) tanto con su hija Linda, como con su padre envejecido, cuyas capacidades mentales están fallando rápidamente. Entonces, ¿cuál es la atracción? Quizás es su autodestrucción intransigente, sus lamentables relaciones personales, su  incapacidad para mantener cualquier relación femenina lo que tanto fascina. Wallander es absolutamente insalvable. .
  5. Kurt Wallander tiene pocos verdaderos amigos y aunque tiene trazas de humor, no es exactamente la alegría de la huerta. Sin embargo, hay destellos de optimismo en la oscuridad de su alma, y ​​es capaz de ocasionalmente intentar la apariencia de una vida “normal”. Su hija logra convencerlo de tener algunas citas y, en efecto, aunque dado lo absorbente de su labor policial parece que el amor no va con él, Wallander siente y tiene expectativas profundas hacia sus eventuales citas…y aunque se dé cuenta de que no presta suficiente atención al lado sentimental, paradójicamente se pregunta por qué fracasa continuamente.
  6. El teléfono de Wallander tiene un tono de llamada único. Es apropiado que su tono de llamada sea diferente a cualquier otro, porque enfatiza lo importante que es su teléfono para él. Es una conexión permanente con el lado oscuro, un recordatorio permanente de que un nuevo caso, una nueva pista, un nuevo giro diabólico pueden ocurrir en cualquier momento, sin importar dónde se encuentre. Lo más saludable sería que Wallander cambie su forma de ser, pero ser “saludable” no es lo que va con este obstinado detective bueno. Resolver casos y luchar sin cesar con su pasado… eso es lo que le va.
  7. Wallander es sistemático en la documentación de sus informes. Cuando descubre que su hija escribe poesía su reflexión es que él mismo escribe mucho y de forma metódica, pero solo informes de policía. En su enfoque de investigación es intuitivo, sensible (a veces incluso quiere sentir lo que pasó cuando visita escenas del crimen), persistente y  busca sistemáticamente un modus operandi. Su forma de liderar equipos es peculiar ya que pone al límite a su grupo (reuniones de trabajo durante los fines de semana hasta la madrugada), pero sabe ser generoso y distribuye el trabajo según el valor añadido de cada cual. Podríamos decir que como tantos otros detectives, es un evaluador con un método ( “Profundizar normalmente nos lleva hacia adelante” (La Pirámide)), pero también con duende (sus hallazgos son una mezcla de azar, casualidad, obsesión y perseverancia): como decía Picasso “cuando llegue la inspiración que me encuentre trabajando”. Wallander sigue las pistas (los patrones de comportamiento) hasta la extenuación, hasta que no dan más de sí, bien porque llevan a una vía muerta…o bien porque nos dan las conclusiones correctas (o porque estamos cerca del final del libro que no queremos que termine (i)

¿Cómo no encontrar paralelismos de algunos de los puntos anteriores con la evaluación?. El oficio de evaluación conjuga también trabajo en equipo con períodos de trabajo en solitario. Es a veces  difícil dejar de pensar en el caso (de estudio) que se tiene entre manos, ya que todo el tiempo es poco y siempre hay nuevas perspectivas o matices que añadir. Con la actual tendencia a trabajar a través de asociaciones de evaluación o grupos de colegas, tenemos nuestra propia red, es nuestra conexión permanente con el “lado oscuro”, con nuevas pistas para nuevos casos.  Y para finalizar, en este oficio de la evaluación a veces también intentamos la apariencia de una vida “normal” (cuando raro es el evaluador(a) que no es un freaky consumado).

Bueno pues quizás algun@ podáis ver también alguna similitud más…y comentarnos 🙂

Todos tenemos un poco de Mankell/Wallander dentro de nosotros. Larga vida a Mankell, larga vida a ese personaje tan real y ya no tan de ficción: Kurt Wallander. Prueba de ello es que ya ha sido encarnado en las pantallas por tres actores diferentes:

Kurt Wallander (Rolf Lassgard, Kenneth Branagh y Krister Henriksson), de Henning Mankell

Mankell murió en 2015 a los 67 años, dejándonos un poco solos, con un Wallander en decadencia y con la misma enfermedad que tuvo su padre…A Wallander  se le diagnostica diabetes y hacia el fin de su carrera sufre de pérdidas de memoria debidas al Alzheimer.

Mankell con refugiados congoleses en Uganda

…y para los que piensen que las novelas policíacas no son suficientemente intelectuales, porque no hablan de Scriven, Greene, Weiss, House, Stake, Stufflebeam o de Patton…pues ahí  va esta Cumbiera intelectual:

Ave del paraíso africano


Esta vez no termino, sino comienzo el post con una canción. Y es que quiero que al relato lo acompañe esta melodía del sublime Javier Ruibal, Ave del paraíso:

A veces conocemos o encontramos a personas que nos muestran la vida. Quiero decir que nos muestran una forma diferente de vivirla. Algunas de esas personas tienen el don de contar, pero no de cualquier manera, sino de contar bien: “Contar es casi siempre un regalo, es un vínculo y otorga confianza” (Javier Marías en el primer tomo de su trilogía “Tu rostro mañana”: Fiebre y Lanza)

Hay personas que ven y viven de forma diferente. Y es que incluso nos acostumbramos a lo diferente, y lo diferente a veces parece lo de siempre. Encuentro increíbles esas personas que nunca pierden su capacidad de sorpresa, su capacidad de admiración hacia lo que a otros nos puede llegar a parecer secundario o rutinario.

Colegas de profesión viajera, me pregunto quién entre nosotros ha vivido y escrito sus vivencias de forma sistemática. Me refiero a escribir esas experiencias tan nítidas pero que si no se recogen en su justo momento (aunque sea un tiempo después), luego se olvidan y pierden: no me refiero a que tengamos que llegar a ser como l@s grandes escritor@s viajer@s: Ella Maillart, Bruce Chatwin, James Fenton, Redmond O´Hanlon, Michel Le Bris, Jean Rolin, Gilles Lapouge o Nicolas Bouvier o algunos otros contados por el gran contador de viajes Jacinto Antón.

Y aunque a veces no lo creamos nuestra profesión es un arte. ¿Nuestra profesión?. Mi profesión. Yo estoy en un cruce de caminos. Cooperación al desarrollo o evaluación. De tener que elegir podría mencionar una de las dos, pero no sería tan cierto. Y compruebo mi predilección por los caminos y los cruces de caminos.

Para los de la profesión, la mala vida y nuestra incertidumbre hacen que si no tenemos cuidado se solapen vuelos, personas, caras, ciudades, marcos lógicos, conclusiones y recomendaciones…un poco como cuando en aquellos años viajábamos con el programa inter raíl y visitábamos una o dos ciudades al día, durmiendo mal y comiendo peor…Y es tan fácil confundir cantidad, con calidad. Y hasta está el peligro de no disfrutar de las personas, de no creer en lo que hacemos, de olvidar por qué lo hacemos. Todo ello independientemente de que no lo hagamos tan bien como debiéramos o como sabemos que podríamos hacerlo. Por eso tan interesante escribir para contar, contarnos a nosotros mismos ante todo, que, cómo no, es una forma de gestión del conocimiento.

Este post es un tributo a una persona que es un ejemplo de vitalidad y dedicación a la gente, a la cultura y a la naturaleza africana…Hay personas que tienen la capacidad de viajar y de vivir en cantidad y calidad. Viven al límite. Sin duda una de ellas es Berenika Stefanska. Escritora, fotógrada, cámara freelance, que trabaja para la FAO en Africa del Este. Pero ante todo una gran viajera. Como dijo Nicolás Bouvier “Uno cree que va a hacer un viaje, pero enseguida es el viaje el que lo hace a él.”

Berenika escribe para el periódico Standpointmag, hace voluntariado para proteger la fauna africana y realiza trabajos para la FAO en Africa del Este, especialmente en Somlia y Kenia.

Lo que voy a mostrar son algunos fragmentos de su blog Ex Africa semper. En la cabecera de su blog tiene una declaración de intenciones, quiere mostrarnos lo excitante, novedoso y curioso de África:

“Ex Africa semper aliquid novi”, quoth Pliny the Elder. There is some debate about what he really meant, but most likely he meant trouble. In this sense has the phrase been used most often since but I hope to reverse the trend and on these pages bring you the exciting, novel and curious out of Africa.

Así comienza el blog de Beverika, “Y donde quiera que esté, espero permanecer”:

And wherever I am I hope to remain,

Ex Africa Semper Yours,

Berenika

Berenika luego continuará en otros sitios web, pero su último post en ese blog Ex Africa Semper es el 20 de Septiembre de 2015: On the long finals: Kiserian – Kampi. Hay muchas cosas que emparentan a Berenika con esos grandes escritores y exploradores antes citados, como su escritura clara y directa, su humor, su curiosidad, su hambre de conocer y apertura a la sorpresa:

“Finding things in real life that I had read about as a kid in books always makes me happy and this well was no exception.”

“I wish I have had more time to ask how the well worked, who dug it, who manned it, if they normally charged for it but we had to push on, as now the sun was really low”.

Berenika hace lo que hace porque se tiene que hacer, un poco como el alpinista Malory que subía montañas porque estaban ahí. Veamos cómo explica a unos maestros de escuela de un pueblecito de Kenya por qué hace sus viajes a pie:

“I spoke of who I am and of my trip, why I did it and why they should too. None of them had ever been to Ruko, only 20 kilometers away from Kiserian, where most of them lived. I tried to explain why I didn’t take a car, and why I walked alone. It wasn’t easy because I didn’t rightly know myself. I just wanted to I guess. Because I could.

They were sympathetic, I got a few laughs. The headmaster spoke after and thanked me for coming, for ‘representing’ (whatever that meant) and for staying focused. He said I was an inspiration and that the students will be having their 4th form exams this term and they should stay, what? “Focused!”, replied the classroom in unison. Quite the demagogue.”

Lo que es constante en su blog es la manera de disfrutar del entorno, de África. Aquí in ejemplo de su encuentro con el Lago Victoria en el post de Noviembre de 2010: Moon Rainbow and other wonders of the Universe

“Unexpected and amazing days just keep happening here, but this one surpassed them all. Spake when he discovered Lake Victoria, Stanley at his chance meeting with Livingstone, not even Sir Samuel Baker himself when he first gazed upon the very falls could have been happier than I was the night when I sat by the roaring flood of Murchinson Falls; all by myself, in the depth of night, with the full moon casting shadows and rainbows, and knowing that mortals who have beholden that view on their own have been few and far between. And that was neither the beginning, nor the end of the story.”

“And then we drove into the park. Oh the blessed simplicity of the unreflective! If I had gotten my way and convinced/bribed/coerced the rangers to let me through the previous night, I would have not had experienced the most close-up and pleasant safari one can have – on the back of the motorbike, with animals within reach and no barrier between me and them.”

“All in all, the drive was divine and I was blessing the heavens for my last-nights delay. We got to the mighty river Nile at around 8am. The next ferry was not until 9am so I had some time to explore. First, I stumbled across a warthog; we stood three meters away from each other, assessing. I don’t know what the warthog was thinking but I was certainly thinking that his fangs look sharp and my water bottle does not look like an adequate weapon. Luckily, the warthog turned around and wiggled his funny little tail away into the bushes. Convinced the interior is just far too dangerous a place to hang out I went down to the river and climbed on a small sand dune. On the other side of it bathed a small family of hippos. They were not further than ten meters away, puffing. Mesmerising. I crouched up a little closer. Mistake.”

Y destaca el tono de humor que recorre su escritura, así como su optimismo vital:

“When he heard I was going to hang out in the Lodge till the afternoon, he suggested I join the morning cruise to the Victoria Nile Delta instead. For only $40. I said I would think about it knowing full well that’s just not within my budget. We chatted more and as he rose to get the boats ready he asked if I had made up my mind about the cruise. I said I had, and that sitting in the hot sun with nothing to do is actually more appealing to me than cruising on the breezy Nile and watching exotic animals. He laughed, picked up my bag and said he would take me for free. Nice.”

“Here I was, alone, at night, beholding a view of rare beauty. The unkempt manes of waves, sharper and whiter in the light of the moon, the jagged silhouettes of the rocks, the darkness of the jungle around me and most amazingly of all, over the chasm into which the Nile fell, rainbows forming in the spray. Moon-rainbows, black and white with only a suggestion of thin ribbons of colour, but nevertheless with distinct stripes and a lovely curve. I have never seen them before and was mesmerised. I sat for a long time and just admired the view. The only thing I could have possibly wished for at the time was beer, for I have forgotten to get some at the lodge.”

Otro ejemplo de lo poco que Berenika espera para cubrir sus necesidades, porque era otro lo que le pedía a la vida, en su post de Noviembre de 2010: My Tent is my Castle

“So here I am in the middle of Nairobi in a dark tent illuminated only by my laptop’s eerie screen light. It’s all a little unreal, as if many realities were interwoven into one. A tent in a middle of a thriving metropolis, with internet access in the tent but not much more, as I have forgotten to bring a sleeping mat and am otherwise travelling light. Light on gear but not tools of trade. Crawling back into the tent I enter yet another incongruent reality: books, maps, computer, cameras, notebook and newspapers – an office in a tent: a little shabby, uncomfortable but quaint and private.”

My tent is my castle

I might have of course stayed in the dorms, which are not much more expensive than the campsite (and by campsite I mean the patch of soggy earth between the corrugated iron fence of the enclosure and the brick wall of the ‘bungalow’ fitting exactly my tent and not much more). But I like the idea of having a place to escape to if I grow tired of the ever-jolly company of fellow-travellers. The girls’ dorms feel like a summer camp, bunk beds adorned with towels, sarongs and cosmetics laid out everywhere, the air filled with perfume and giggling. Call me a grump but I prefer my cold earth and the stench of my socks.”

Berenika señala en la foto que está con Magdalene, mother of 9, to my right, random man to my left. Aparece en el post Roruk Ruko

Berenika murió el 8 de septiembre de 2016 en Kenya en un accidente aéreo.

Berenika vivió al límite hasta el fin de su viaje. Como dice Nicolas Bouvier: On ne peut pas écrire un bon livre sans saigner preque à mort. Dans chaque cas, il ságit dáller au bout de soi-même et de ses possibilités, d´approcher au plus près le point où la mort rejoint la vie -je me disais: cést le bout de la route

In Memoriam Berenika Stefanska, amante de África, escritora, fotógrafa y gran vividora: ave del paraíso africano. Wherever you were you remain