El fracaso de la gestión del conocimiento durante la pandemia


 

En el post El fracaso de la gestión del conocimiento, nos basamos en el el artículo “Una síntesis de los factores de falla en la gestión del conocimiento” (Frost, 2014), que refería a los factores por los que han fracasado algunas iniciativas para la gestión del conocimiento.

Si retomamos aquel post y lo referimos a nuestra gestión del conocimiento en torno a la respuesta al COVID: pensemos en la gestión del conocimiento y el aprendizaje entre la primera y segunda ola del COVID-19, lo que fue y lo que pudo haber sido: Las causas o factores causales se refieren a las cuestiones organizativas y administrativas generales que se requerían/requieren para implementar la gestión del conocimiento con éxito (o no).

Causas del fracaso de la gestión del conocimiento durante la respuesta a la pandemia:

  1. Falta de indicadores de desempeño y beneficios medibles
  2. Insuficientes incentivos o apoyos desde el equipo de dirección / gestión senior
  3. Planificación, diseño, coordinación y evaluación inadecuados
  4. Capacidad inadecuada de los gestores del conocimiento y de los que trabajan ese conocimiento
  5. Problemas con la cultura organizacional
  6. Estructura organizativa inadecuada

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La evaluación no está siendo una prioridad durante la pandemia: desafíos pasados


Retomamos el post Evaluando en tiempos de pandemia (basado en un post de abril de 2020, por Jos Vaessen & Estelle Raimondo del Banco Mundial): efectivamente estos últimos 8 meses desde la gestión y ejecución de evaluaciones hemos tenido desafíos (a) éticos, (b) conceptuales y (c) metodológicos que han afectado/están afectado a nuestra capacidad para usar las evaluaciones:

1.Desafíos éticos:

Desde un punto de vista ético, los planes de trabajo de evaluación inevitablemente han necesitado/están necesitando ajustes y plazos más largos/dilatados.

En primer lugar, donde la evaluación podría haber sido un componente clave para comprender si las intervenciones de salud pública y otras intervenciones prioritarias (por ejemplo, protección social y redes de seguridad social para ciudadan@s (vulnerables)) han funcionando y cómo funcionan, l@s evaluador@s deberían haber sido integrad@s (aunque, por desgracia, no lo han sido en demasiados casos):  (1) no solo para poder recopilar los mejores datos posibles y realizar las mejores evaluaciones posibles para informar a los responsables de la toma de decisiones durante la crisis, (2) sino también para corroborar debates críticos que tienen y tendrán lugar una vez que la crisis esté terminando.

En segundo lugar, la evaluación ha tratado/está tratado de no ejercer presión innecesaria sobre instituciones y sistemas públicos demasiado sobrecargados, el enfoque ha sido reducir (y priorizar) las interacciones directas con colegas operativos que trabajan en sectores relacionados con la crisis, mientras se han intensificado los esfuerzos para llevar a cabo el trabajo evaluativo de manera diferente dadas las limitaciones. Sin embargo en la práctica, ¿ha sido o está siendo relevante la evaluación para las estrategias y operaciones desplegadas frente al C-19?

En tercer lugar, una consideración ética más sutil ha sido/está siendo cumplir las condiciones necesarias para que las evaluaciones sean útiles y se utilicen. ¿Podemos esperar que nuestra audiencia escuche? L@s evaluador@s han tratado/están tratando de ser proactiv@s y no depender de mecanismos institucionales, no tan bien preparadas ​​para regular la demanda, producción y uso de evaluaciones de cara al aprendizaje y mejora.

Resumiendo mi percepción (ojalá me equivoque): en general la evaluación ha sido de nuevo: (a) vencida por los procedimientos (burocracia) – que tanto aman las instituciones (porque es a lo poco a lo que rinden cuentas), procedimientos tan indiferentes o reñidos a menudo tanto con el “aprendizaje”, como con los “resultados” (“business as usual”)-, (b) vencida por el activismo ciego ligado a los procedimientos pero, sobre todo, (b) vencida por la falta de liderazgo y capacidad estratégica-: más allá “del deseo y del debería”, la evaluación no está siendo, ni una prioridad, ni relevante, durante la respuesta al C-19 (pero no quiero ser dogmático, corregidme por favor si me equivoco).

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