Rick Davies: El Músico y el Evaluador

Esta mañana mi hijo me despertó con un mensaje urgente, como si hubiese estallado la Tercera Guerra Mundial:

“¡Rick Davies ha muerto, noooo!”

Yo, todavía en estado de hibernación cerebral, entendí lo peor: que había muerto nuestro Rick Davies, el evaluador. Ese hombre que logró poner métricas a lo inmedible, que inventó una gramática para que los proyectos sociales no naufragaran en informes huecos. Mi hijo, estudiante de Políticas, y yo habíamos hablado tanto de evaluación que la confusión parecía lógica.

Pero no: hablaba del otro Rick Davies. El de Supertramp. El de The Logical Song, Dreamer, Goodbye Stranger. El hombre que convirtió un teclado eléctrico en el instrumento de nuestra educación sentimental.

Por un momento, sentí que me habían matado dos veces al mismo Rick Davies.


Vidas paralelas (que podrían haber sido novela)

Ambos británicos. Ambos discretos. Ambos genios.
Uno llenaba estadios con himnos generacionales; el otro, auditorios con presentaciones sobre metodologías participativas. No me digan que no hay paralelismo: en un congreso de evaluación, cuando el moderador abre la ronda de preguntas, también se oye un murmullo de fans, igual que en un concierto cuando arranca el primer acorde de School.

El músico nos regaló The Logical Song; el evaluador nos regaló el método Most Significant Change (MSC). El primero convirtió la lógica en poesía; el segundo convirtió la poesía de las historias en lógica.

¿Casualidad? Más bien simetría.


Sevilla, Berlín y la ley del contexto

Yo conocí en persona al Rick Davies evaluador en Sevilla, en 2002, en el congreso de la European Evaluation Society EES. En Sevilla me hizo caso. Quizá porque yo era local y en Sevilla todos somos un poco anfitriones. Quizá porque en aquel entonces todavía con filminas (si, si filminas) no conocíamos todavía los males futuros del Power Point.

Años más tarde, lo vi en la EES Berlín. Allí ya no me dio bola. O mejor dicho: me dio la bola justa, la de un saludo breve y cordial. Como buen británico, sabía dosificar el carisma. Quizá también porque en Berlín, rodeado de paneles simultáneos, cafés aguados y horarios germanos, yo era apenas otro evaluador con acreditación colgada al cuello.

En Sevilla yo era el “autoctono simpático”. En Berlín, un figurante más en la ópera bufa de los congresos.


Powerpoints, bares de hotel y canciones eternas

Aquí es donde aparece la retranca: los congresos de evaluación no son tan distintos a los conciertos de rock.

  • En ambos hay multitudes.
  • En ambos alguien se pasa de tiempo.
  • Y en ambos siempre hay un “solo interminable”: en los conciertos, de piano; en los congresos, de PowerPoint con 83 diapositivas ilegibles.

Mientras tanto, los bares de hotel cumplen la misma función que los camerinos: el lugar donde ocurre lo importante. Donde Rick Davies evaluador podía hablar de cosmos y de historias significativas, y Rick Davies músico quizás afinaba un piano o buscaba la constelación adecuada en el cielo de gira.


The Logical Song y la lógica del método

Si uno escucha con atención The Logical Song, entiende la evaluación: “When I was young, it seemed that life was so wonderful, a miracle…” Y luego, zas, llega la escuela, la lógica, la clasificación. Exactamente lo que hace un buen informe: coger la maravilla y encasillarla en categorías que sirvan para decidir presupuestos.

El Rick Davies músico nos enseñó que la lógica también puede sonar. El Rick Davies evaluador nos enseñó que la emoción también puede medirse.


Dreamer, Goodbye Stranger y el MSC

  • Dreamer: el soñador. Como el evaluador que un día imaginó un método que podía capturar historias vivas, sin que se marchitaran en Excel. Así nació el MSC.
  • Goodbye Stranger: el himno del que sabe despedirse. Como el evaluador que escucha decenas de relatos, pero sabe elegir uno solo: el más significativo.
  • Take the Long Way Home: tanto el músico como el evaluador eligieron siempre caminos largos. Uno recorriendo giras mundiales, el otro encadenando proyectos internacionales.

Bohemia y cosmos

Aquí entra la otra dimensión de nuestro Rick Davies. No se trata de telescopios ni de noches con prismáticos, sino de algo más intelectual: en su blog mantiene la sección “Cosmic Perspectives”. Ahí publica textos como “The Pale Blue Dot” (2009), recordándonos que la sonda Voyager 1 viaja a más de 10 000 millones de millas de la Tierra, y que desde allí nuestro planeta no es más que un puntito azul perdido en la nada.

Esa mirada cósmica es la que lo conecta con lo poético: el metodólogo que mide lo concreto, pero también piensa en lo infinitamente vasto. Una bohemia que, confieso, me toca: la misma que otros encuentran en el arte o la literatura.


Mi hijo, yo y los dos Rick Davies

Yo he sido un fan incondicional de Supertramp. Mi hijo también escucha sus canciones, aunque probablemente no sepa ubicar a Rick Davies en la foto del grupo. Es lo que tienen los mitos heredados: se transmiten como vinilos que sobreviven a mudanzas y divorcios.

Pero mi hijo aún no conoce al otro Rick Davies, el evaluador. No sabe que ese hombre de barba inglesa y rigor implacable también es parte de su futuro, porque algún día, en sus estudios de Políticas, se topará con metodologías que llevan su sello.

Ahí está la herencia doble: música y método, emoción y evidencia.


Rick Davies ha muerto, ¡viva Rick Davies!

Hoy lloro al músico, mi favorito en una banda mítica. Y al mismo tiempo celebro al evaluador, que sigue siendo referencia por su rigor, por su constancia, por su bohemia cósmica.

Porque música y evaluación, aunque parezcan mundos lejanos, se parecen mucho:

  • Ambas buscan armonía.
  • Ambas requieren método.
  • Ambas persiguen algo trascendente.

Así que aquí va mi epitafio literario para este día extraño en que sentí que morían dos Rick Davies al mismo tiempo:

Rick Davies ha muerto.
¡Viva Rick Davies (el otro, el nuestro, el evaluador)!

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