Dentro de nuesta serie «colaboración«, hemos vuelto una y otra vez sobre la colaboración. No porque sea un tema de moda, sino porque sigue siendo un problema no resuelto. Colaborar aparece como condición necesaria para abordar problemas complejos, pero rara vez ocurre de forma sostenida, efectiva y transformadora (Rodríguez-Ariza, 2018).
Con el paso de los años, la serie sobre colaboración ha ido acumulando aprendizajes, frustraciones y patrones recurrentes. Leídos en conjunto, estos textos muestran algo importante: la colaboración no falla por falta de intención, sino por diseño deficiente de los sistemas en los que se espera que ocurra.
Este post propone una síntesis de esos patrones —conductores y barreras— conectándolos con la literatura clásica sobre acción colectiva y sistemas complejos.
1. Resumen general del libro y su objetivo principal
El libro de Michael Quinn Patton, «Developmental Evaluation: Applying Complexity Concepts to Enhance Innovation and Use» (2011), que lo hemos traducido siempre en este blog por: “Evaluación durante el desarrollo (EDD): aplicar conceptos de complejidad para potenciar la innovación y el uso”, representa una de las obras más influyentes en la evolución contemporánea de la evaluación.
Su objetivo principal es ofrecer un marco conceptual y práctico para evaluar iniciativas en contextos de alta incertidumbre, innovación o cambio continuo, donde los modelos de intervención no están cerrados.
Patton parte de una observación sencilla pero revolucionaria: los modelos clásicos de evaluación —formativa (para mejorar) y sumativa (para juzgar resultados)— no sirven bien en entornos de innovación. Cuando un programa aún está “en construcción”, la evaluación debe estar presente durante su desarrollo, no al margen ni al final.
La EDD, por tanto, se convierte en una herramienta de aprendizaje y adaptación que acompaña la innovación mientras sucede. Es la evaluación que viaja dentro del tren, no la que espera en la estación final para levantar acta.
Five core concepts for understanding systems, Andrei Savu, 16 septiembre 2025 👉 link
Four core concepts for expanding a systems view to system dynamics, Andrei Savu, 16 septiembre 2025 👉 link
Introducción: La llamada a medianoche
Estás tranquilo, viendo una serie mediocre en Netflix, cuando suena el móvil. No es tu ex, ni Hacienda, ni el primo que siempre pide dinero. Es el Sistema. Así, en mayúsculas. Te llama para decirte que llevas toda la vida metido en él, que no tienes escapatoria y que además no lo entiendes nada.
Y claro, te entra la paranoia. Porque resulta que el sistema no es un Excel con casillas bonitas, sino un bicho raro que mezcla fronteras invisibles, bucles que se retroalimentan y dinámicas que hacen que la cerveza de la nevera desaparezca más rápido de lo que la repones.
Bienvenido a la novela negra de tu vida: los cinco conceptos para entender sistemas (propósito, frontera, feedback, palancas y emergencia) y sus cuatro secuaces dinámicos (stocks, flujos, retrasos y patrones de comportamiento). Y todo firmado por Andrei Savu, un tipo serio que escribe en inglés lo que yo te voy a contar como si fuera un thriller con resaca.
1. El legado que no caduca: ¿por qué las cinco familias de evaluación sigue siendo su sección más citada?
Mapa integrador y lenguaje común. Antes de 1991, los enfoques convivían como islas (experimentos, modelos de uso, enfoques de valores, etc.). La propuesta de Shadish, Cook y Leviton ofreció un marco taxonómico que ordenó el campo en cinco familias —experimental, descriptiva/cualitativa, centrada en el uso, centrada en valores y centrada en el contexto— y lo convirtió en un idioma compartido para docencia y práctica. Manuales y artículos posteriores lo adoptaron como “paradigma de referencia” para ubicar debates y decisiones metodológicas.
Puente entre teoría y práctica. La clasificación no prescribe “una” forma de evaluar; normaliza la pluralidad y la convierte en elecciones razonadas (qué valoramos, cómo construimos evidencia, para quién y para qué se usa). Esa “neutralidad operativa” explica su alta citación en currículos y en artículos de revisión.
Estandariza preguntas nucleares. El propio Shadish (1998) muestra cómo el campo discute de manera recurrente cinco ejes (valor, conocimiento, uso, cambio del evaluando y práctica), que encajan con la arquitectura del libro de 1991, reforzando su función de marco metateórico.
Resultado: la clasificación facilitó comparabilidad entre teorías, ayudó a estructurar cursos y a “situarse” en diseños complejos. Por eso sigue apareciendo en revisiones y marcos actuales que explican “de dónde venimos” antes de introducir enfoques contemporáneos.
Por tanto y como ya tratamos en nuestro anterior post Fundamentos de la Evaluación de Programas: Un libro esencial, Shadish, Cook y Leviton (1991) revolucionaron la evaluación al proponer cinco familias teóricas (experimental, descriptiva, centrada en el uso, en valores y en contexto). Fue un mapa epistémico común que:
Ordenó un campo fragmentado, funcionando como lenguaje pedagógico y referencia en programas académicos.
Actuó como puente entre diversidad y unidad, validando la pluralidad en lugar de imponer un modelo único.
Se convirtió en un “esqueleto del campo” citado en manuales, cursos universitarios y artículos de revisión.