
Hemos invertido durante años en formar evaluador@s, mejorar metodologías, organizar conferencias y fortalecer instituciones. Quizá hemos prestado mucha menos atención a algo más sencillo y más difícil: quién conecta todo eso cuando volvemos a casa.
Hace unos días hablaba con una colega sobre evaluación. En algún momento de la conversación apareció la asociación nacional de evaluación.
—Hace nueve años que prácticamente no hay actividades —me dijo.
No he comprobado sistemáticamente la historia de esa asociación de evaluación nacional y, por tanto, tomo la conversación por lo que es: una observación, no evidencia sobre esa asociación naciónal. Pero la frase se me quedó dando vueltas porque quizá describe un problema bastante mayor.
Mientras las comunidades internacionales de evaluación organizan conferencias, iniciativas globales, webinars, grupos de trabajo y encuentros cada vez más sofisticados, ¿qué ocurre entre conferencia y conferencia en los países?
¿Quién mantiene conectados a los evaluadores? ¿Quién relaciona a quienes producen evaluaciones con quienes deberían demandarlas? ¿Quién conecta gobierno, universidad, sociedad civil, consultores, jóvenes evaluadores y organismos internacionales? ¿Quién sostiene una conversación nacional sobre calidad, ética, profesionalización y uso?
Quizá hemos dedicado mucha atención a desarrollar capacidades de evaluación y demasiado poca a desarrollar la capacidad colectiva del propio sistema de evaluación.
Muchas capacidades, ¿pero sistema?
No es una cuestión nueva.
Las Voluntary Organizations for Professional Evaluation (VOPEs) se expandieron enormemente durante las últimas décadas. EvalPartners las situó explícitamente como actores del desarrollo de capacidades nacionales de evaluación, capaces no sólo de fortalecer a los profesionales sino también de influir sobre decisores y favorecer entornos propicios para la evaluación (Kosheleva & Segone, 2013).
Sin embargo, el problema parece persistir.
Un estudio sobre VOPEs africanas encontró una paradoja reveladora: las asociaciones se han multiplicado, pero muchas continúan teniendo importantes limitaciones financieras y humanas. Los autores sostienen precisamente que deberían convertirse en pilares de los sistemas nacionales de evaluación, actuando tanto sobre la oferta como sobre la demanda de evaluación (Fish et al., 2022).
Una investigación comparativa todavía más reciente sobre asociaciones de Brasil, Ghana, Indonesia y Uganda encuentra problemas recurrentes de financiación y muestra además algo especialmente interesante: la profesionalización no sigue una trayectoria universal. Las asociaciones negocian continuamente su independencia, su relación con los gobiernos, su vinculación con la cooperación internacional y las tensiones entre modelos globales y contextos nacionales (Jersild, 2026).
Por tanto, tener una asociación no significa necesariamente tener una comunidad evaluativa activa. Y tener muchos evaluadores tampoco significa tener un sistema de evaluación.
Eso debería resultarnos familiar.
Del desarrollo de capacidades al desarrollo del sistema
Durante mucho tiempo, buena parte del desarrollo de capacidades en evaluación estuvo centrado en individuos: cursos, talleres, metodologías, competencias.
La literatura ha ido desplazándose progresivamente hacia una concepción sistémica. Klier et al. (2022) argumentan que desarrollar capacidades requiere comprender las interrelaciones dentro de los sistemas de evaluación. Williams et al. (2024) distinguen de manera particularmente útil entre capacity —tener conocimientos y habilidades— y capability —disponer del espacio institucional, político y social que permite utilizarlos—.
Podemos formar cien evaluadores. Pero si nadie demanda evaluaciones, las capacidades permanecen ociosas.
Podemos mejorar la oferta. Pero si las evaluaciones no se utilizan, el sistema tampoco funciona.
Podemos aumentar la demanda. Pero si la oferta nacional es débil, las evaluaciones terminarán siendo realizadas fundamentalmente desde fuera.
Y podemos mejorar oferta y demanda, pero si los actores apenas se relacionan entre sí, continuaremos teniendo piezas relativamente competentes dentro de un sistema fragmentado.
El reciente Índice Nacional de Capacidades en Evaluación (INCE) resulta especialmente interesante porque observa precisamente esas interdependencias. Su marco analiza cinco dimensiones: estructura institucional, oferta de evaluación, calidad, espacios multiagente y uso de las evaluaciones (Klier & Sanz, 2026).
No son cinco cajones independientes.
Pueden formar un círculo vicioso.
Una demanda débil genera pocas oportunidades profesionales. Pocas oportunidades debilitan la oferta. Una oferta débil puede afectar a la calidad. Evaluaciones de calidad irregular reducen confianza y utilización. Menor utilización reduce nuevamente la demanda.
Pero también podría ocurrir lo contrario.
Mayor interacción entre actores → mayor comprensión y demanda → más oportunidades → fortalecimiento de la oferta → mayor calidad → mayor confianza → mayor uso → mayor legitimidad de la evaluación → todavía más demanda.
Un círculo virtuoso.
La pregunta es: ¿quién ayuda a ponerlo en movimiento?
Quizá estamos mirando mal a las asociaciones
Aquí aparece mi hipótesis.
Quizá una asociación nacional de evaluación no debería entenderse principalmente como una organización que representa a evaluadores.
Deberíamos verla como una posible infraestructura relacional del sistema nacional de evaluación.
Su función principal no sería organizar una conferencia anual. Ni impartir cursos. Ni mantener una lista de miembros.
Sería conectar.
Conectar oferta y demanda. Evaluadores experimentados y jóvenes evaluadores. Gobierno y sociedad civil. Academia y práctica. Estándares internacionales y conocimiento local. Quienes producen evidencia y quienes toman decisiones.
Eso cambia bastante la manera de entender su desarrollo de capacidades.
Una asociación débil no necesita solamente mejores estatutos, una nueva junta directiva o más miembros. Necesita capacidad para convocar, conectar, generar confianza, facilitar aprendizaje colectivo y sostener relaciones en el tiempo.
Y aquí el desarrollo de capacidades en evaluación se encuentra con otro campo que hemos tratado repetidamente en TripleAD: la acción colectiva.
Kania y Kramer (2011) plantearon que los problemas complejos difícilmente pueden resolverse mediante intervenciones aisladas. El impacto colectivo requiere agenda compartida, medición común, actividades que se refuercen mutuamente, comunicación continua y alguna forma de estructura que sostenga la colaboración. El marco evolucionó después hacia una concepción menos gerencial y más orientada al aprendizaje, las relaciones, el cambio sistémico y la equidad (Cabaj & Weaver, 2016; Kania et al., 2022).
Visto así, resulta curioso.
Queremos construir sistemas nacionales de evaluación mediante intervenciones de desarrollo de capacidades que con demasiada frecuencia siguen estando fragmentadas.
Cada organización forma a sus evaluadores. Cada agencia desarrolla su iniciativa. Cada proyecto financia su taller. Cada red organiza su conferencia. Todos fortalecemos capacidades.
Y el sistema puede continuar débil.
De la conferencia global al martes por la tarde
No estoy cuestionando las conferencias globales. Son necesarias. Permiten intercambiar conocimiento, construir identidad profesional y conectar experiencias que de otra forma permanecerían aisladas.
El problema aparece si confundimos conectar personas durante tres días con construir relaciones institucionales durante diez años.
Una comunidad profesional no existe porque sus miembros coincidan periódicamente en una conferencia internacional. Existe cuando, al regresar a Túnez, Senegal, Perú, Nepal o España, permanecen conectados; cuando las instituciones nacionales reconocen un espacio común; cuando los jóvenes encuentran mentores; cuando quienes necesitan una evaluación saben dónde encontrar capacidad nacional; cuando universidades, gobiernos y profesionales discuten estándares; cuando existen conversaciones incómodas sobre calidad; y cuando la comunidad es suficientemente fuerte para sobrevivir al cambio de presidente de la asociación.
Eso último es especialmente importante.
Si una asociación funciona mientras existe una persona extraordinariamente comprometida y desaparece cuando esa persona se cansa, quizá nunca construimos una institución. Construimos dependencia del liderazgo.
Y eso también es un problema de capacidades.
El eslabón intermedio
En TripleAD llevo tiempo dando vueltas a la fragmentación. En 2020 planteaba que un sistema nacional de evaluación no es simplemente un conjunto de instituciones y personas, sino también las políticas, procedimientos y relaciones que las vinculan. También advertía, al nacimiento de la Global Evaluation Initiative, que sin verdadero impacto colectivo una iniciativa destinada a reducir la fragmentación podía terminar añadiendo otra capa a esa fragmentación.
Seis años después, GEI insiste precisamente en enfoques sistémicos, anclaje local, colaboración de largo plazo y reducción de la fragmentación.
Quizá falta prestar todavía más atención al nivel intermedio.
Tenemos organizaciones globales fuertes.
Tenemos instituciones nacionales.
Tenemos evaluadores individuales.
Pero entre ellos necesitamos tejido.
Las asociaciones nacionales podrían ser parte de ese tejido, aunque no necesariamente las únicas organizaciones capaces de cumplir esa función. Y precisamente por eso quizá deberíamos dejar de tratarlas como beneficiarias ocasionales del desarrollo de capacidades y empezar a considerarlas actores estratégicos del desarrollo de los sistemas nacionales de evaluación.
Eso implicaría cambiar también nuestra forma de apoyarlas: menos talleres aislados y más acompañamiento institucional; menos eventos y más infraestructura relacional; menos dependencia de liderazgos individuales y más gobernanza distribuida; menos proyectos de organizaciones individuales y más agendas nacionales compartidas; menos medir cuántas personas participaron y más observar si aumentaron las conexiones, la confianza, la oferta, la demanda, la calidad y el uso.
En otras palabras: aplicar al propio desarrollo de capacidades en evaluación aquello que llevamos años recomendando a los demás.
Porque quizá el síntoma más interesante de una asociación nacional inactiva durante años no sea que la asociación tenga un problema.
Quizá sea que el sistema que debería necesitarla ha aprendido a funcionar sin ella.
Y entonces la pregunta incómoda deja de ser cómo revitalizamos nuestras asociaciones nacionales de evaluación.
La pregunta es otra:
¿cómo pretendemos construir sistemas nacionales de evaluación fuertes si quienes forman parte de ellos apenas tienen estructuras para actuar colectivamente?
Referencias
Cabaj, M., & Weaver, L. (2016). Collective impact 3.0: An evolving framework for community change. Tamarack Institute.
Fish, T., Dlakavu, A., Amisi, M., & Masvaure, S. (2022). Transforming voluntary organisations for professional evaluation into central pillars of national evaluation systems. African Evaluation Journal, 10(1), a608. doi: 10.4102/aej.v10i1.608
Jersild, A. C. (2026). Evaluation associations as catalysts for the professionalization of evaluation practice: A comparative case study of Brazil, Ghana, Indonesia and Uganda [Doctoral dissertation, Western Michigan University].
Kania, J., & Kramer, M. (2011). Collective impact. Stanford Social Innovation Review, 9(1), 36–41. doi: 10.48558/5900-KN19
Kania, J., Williams, J., Schmitz, P., Brady, S., Kramer, M., & Juster, J. S. (2022). Centering equity in collective impact. Stanford Social Innovation Review, 20(1), 38–45.
Klier, S. D., Nawrotzki, R. J., Salas-Rodríguez, N., Harten, S., Keating, C. B., & Katina, P. F. (2022). Grounding evaluation capacity development in systems theory. Evaluation, 28(2), 231–251. doi: 10.1177/13563890221088871
Klier, S. D., & Sanz, J. C. (2026). National evaluation systems under review: Comparing existing assessment tools and introducing the National Evaluation Capacities Index (INCE) (DEval Discussion Paper 2/2026). German Institute for Development Evaluation. doi: 10.5281/zenodo.19693722
Kosheleva, N., & Segone, M. (2013). EvalPartners: Facilitating the development of a new model of voluntary organization for professional evaluation to support the development of national evaluation capacities. American Journal of Evaluation, 34(4), 568–572. doi: 10.1177/1098214013493656
Rodríguez-Ariza, C. (2020). “Capacidad y Sistema” Nacional de Evaluación en la Agenda 2030. TripleAD: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo.
Rodríguez-Ariza, C. (2020). Iniciativa de Evaluación Global (GEI): no sin “Impacto Colectivo”. TripleAD: Aprendiendo a Aprender para el Desarrollo.
Williams, B., Matt, E., Klier, S., Chaplowe, S. G., & Korswagen, S. I. (2024). Toward a systemic approach to evaluating evaluation capacity development. New Directions for Evaluation, 2024(183), 125–136. doi: 10.1002/ev.20612
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