Espacios para compartir, mostrar y aprender

En ¿Cómo difundir “buenas prácticas” en organizaciones grandes?,  Amalio Rey nos indica que hay que crear espacios de interacción en los que se muestren y expongan las experiencias de éxito (también los que no hayan funcionado, pero se pueda aprender mucho de ellas). No simples “escaparates online” tipo directorios, que de esos ya tenemos y algo aportan, sino (1) sitios donde se genere conversación, que los impulsores de los proyectos puedan responder preguntas, que se puedan aportar datos de impacto, que se publiquen vídeos con opiniones de participantes y sobre todo, (2) que acojan foros de reflexión para profundizar en cada una de esas experiencias y/o “buenas prácticas”. Para que estos espacios funcionen bien, (3) necesitan una determinada estructura, un diseño funcional que active mecanismos de inteligencia colectiva. De lo contrario, serán los mismos directorios o bases de datos estáticas que ya conocemos.

Se pueden organizar actividades que faciliten el intercambio de información, conocimientos y experiencias (a más abiertas y participativas mejor, tipo “World Café” u “Open Space”) entre profesionales de distintas áreas.

Una buena idea puede ser crear e impulsar “Comunidades de Práctica” como dispositivos para la difusión. Éstas funcionan como ecosistemas y correas transmisoras que no sólo sirven para detectar experiencias prometedoras, sino también para discutir su viabilidad en otros entornos y para diseminarlas a través de innovadores que están dispuestos a hacerlas suyas. Otra estrategia que suele funcionar es la de organizar convocatorias/concursos de proyectos, porque los premiados (siempre que estén bien elegidos, con rigor y criterio) consiguen así captar la atención para que se conviertan en noticias.

Otra opción es instaurar “redes de ojeadores/captadores” que se preocupen de monitorizar proyectos y seleccionar los mejores para promoverlos a través de Internet. Para conseguir un filtrado que aporte valor añadido, se echa mano de una red de profesionales que ayude a descubrir esas “perlitas” olvidadas, y a avalar técnicamente el potencial de esos proyectos para que sean creíbles y atraigan la atención de los demás. Uno de los retos más complejos de esta actividad es precisamente saber encontrar proyectos muy innovadores y buenas prácticas en rincones donde nadie busca.

 

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