¿Hasta dónde se atrevería la evaluación para salvar el mundo?

Tomé un hilo de Twitter hoy de Dana Linnell Wanzer, en el que Dana indicaba que estaba leyendo el artículo de Robert Stake ¿Hasta dónde se atrevería la evaluación para salvar el mundo? sobre la defensa o promoción de la evaluación.

Stake argumenta que hay seis formas comunes en que l@s evaluador@s defienden o abogan por la evaluación:

1. Nos preocupamos y, a menudo, creemos en el evaluando. Esperamos encontrar el “programa evaluado” funcionando.

2. Nos importa la evaluación y queremos que otr@s se preocupen por ella. Promovemos la evaluación y la profesión.

3. Abogamos por, promovemos la racionalidad: lógica e imparcialidad.

4. Queremos que nuestro trabajo evaluativo sea escuchado y utilizado, y que los programas evaluados (y más allá) se apropien de él.

5. Nos preocupan por las personas vulnerables y con menos privilegios

6. Somos defensores de una sociedad democrática.

Dana Linnell Wanzer indicaba que no estaba completamente convencida de que estos dos últimos puntos sean ciertos para la mayoría de l@s evaluador@s o para la profesión. ¿Quizás no lo estamos haciendo en evaluación tan bien como deberíamos?, en el sentido de tratar la vulnerabilidad, la falta de privilegios y promover la equidad. Ella indica que tenemos mucho trabajo por hacer en ese campo.

Dana ni siquiera está segura de que la mayoría de l@s evaluador@s se sientan cómod@s con el papel de promoción o defensa de la evaluación que describió Stake: Stake afirmaba que l@s evaluador@s diferirán en sus enfoques y demás temas metodológicos, pero contábamos con esas 6 formas comunes en las que defendemos o promovemos la evaluación. ¿Son estos realmente puntos comunes?

Viene al caso en estos días en los que tratamos de ilusionarnos con lo ideal de un mundo en el que la evaluación pudiera tener un rol y ayudar a dar alguna respuesta o apoyo a la situación actual (Covid 19) o incluso más allá, por qué no, hasta el infinito y más allá de los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Unos días en los que abogamos por el alineamiento de la función y comunidad evaluadora, aun sabiendo de nuestra fragmentación, istmos y carencias estructurales. En la que se habla de puntos comunes, teniendo como tenemos posiciones, situaciones, seguridades, intenciones, deseos y necesidades tan diferentes.

Tenemos por tanto todavía un camino por recorrer si queremos, no tanto salvar el mundo, sino colaborar para aportar algo…ya lo tratamos al comentar esta reflexión de Zenda Offir “Evaluador@s, transformando nuestra forma de ser y estar“…y esos 6 puntos señalados por Stake pueden ser también una guía para encontrar esos puntos comunes dentro de nuestras diferencias…encontremos liderazgos e incentivos reales y prácticos para ese tipo de impacto colectivo. Incentivos apropiados para ello, para ell@s, no sólo para la comunidad evaluadora, sino para resolver vulnerabilidades y mejorar nuestros marcos de gobierno.

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