Autoayuda y Cooperación: Historias de Cambio


Todos hemos leído, escuchado o sufrido alguna de estas frases:

  • “Cambia tu vida en 7 pasos.”
  • “El secreto está en ti.”
  • “Todo problema es una oportunidad.”

Frases que funcionan igual para abrir un taller de coaching que para cerrar un power point de Naciones Unidas. Una ironía de nuestro tiempo: la autoayuda y la cooperación internacional, tan distintas en apariencia, hablan a veces el mismo idioma.

1. Autoayuda: la gran industria del yo

La autoayuda no es un género menor de librería; es un mercado global que en 2024 superaba los 48.400 millones de dólares y que apunta a los 67.000 millones en 2030 (Grand View Research, 2024). En EE. UU. ya factura más que el cine independiente: 13.400 millones de dólares anuales (Market Data Forecast, 2024).

Sus mecanismos de seducción son casi literarios:

  • Promesa universal: todo es posible, siempre que quieras lo suficiente.
  • Lenguaje imperativo: haz, cree, libérate. Una mezcla de sargento y gurú.
  • Ejemplo banal con moraleja épica: alguien dejó de morderse las uñas y descubrió el sentido de la vida.
  • Metáforas recicladas: llaves, puertas, viajes interiores.
  • Optimismo radical: si no cambiaste, es tu culpa.

Libros como Atomic Habits de James Clear (2018) muestran la fórmula en su versión más sofisticada: microcambios, ejemplos cotidianos y sensación de control inmediato. Eva Illouz (2008), en cambio, recordó que la autoayuda es también un dispositivo cultural que convierte problemas sociales en dramas psicológicos: el desempleo como “bloqueo”, la precariedad como “falta de actitud”.

Funciona porque ofrece lo que la época pide: claridad, emoción y mapas sencillos para navegar el caos.

2. Cooperación: la industria de la esperanza colectiva

La cooperación internacional no se vende en librerías, pero comparte la misma lógica narrativa. Los Objetivos de Desarrollo del Milenio (2000–2015) fueron el equivalente global a un best seller motivacional: una lista de metas claras, fáciles de recordar y cargadas de promesa.

Y lo cierto es que funcionó: la pobreza extrema cayó de 1.900 millones de personas en 1990 a 836 millones en 2015 (United Nations, 2015). Se salvaron al menos 21 millones de vidas en salud y educación (McArthur & Rasmussen, 2017).

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Estrategias Anti-Evaluación: Aprendiendo Con TRIZ


¿Y si, para entender cómo mejorar los sistemas de evaluación, nos atreviéramos primero a imaginar cómo empeorarlos?

En consonancia con nuestra serie NECD, esta es la provocación que inspira el panel que presentaremos en ReLAC 2025, y que se titula:

👉 “¿Qué podemos hacer (o seguir haciendo) para que los sistemas de evaluación no funcionen nunca?”

No se trata de un ejercicio de cinismo. Se trata de un experimento crítico de aprendizaje. Utilizamos el enfoque TRIZ (Teoría para Resolver Problemas de Invención) —originalmente desarrollado por Genrich Altshuller (1996)— como una metodología para pensar al revés y, desde ahí, desatar reflexiones que rara vez tienen espacio en los discursos institucionales sobre evaluación.

Inspirados en las Estructuras Liberadoras (Lipmanowicz & McCandless, 2013), proponemos un giro irónico y serio a la vez: identificar prácticas, patrones y decisiones que garantizan que nuestros sistemas de evaluación fallen. Porque si podemos nombrarlos, podemos detenerlos. Y, tal vez, transformarlos.

🎯 ¿Por qué usar TRIZ en evaluación?

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UN80: La contribución de la Evaluación para potenciar la reforma de la ONU


1.Introducción

    Este post esta dentro de la serie «Repensar la ayuda». En su 80.º aniversario, la ONU no se limita a celebrar. Se embarca en una transformación institucional de gran envergadura. Lanza UN80, una reforma orientada a reducir burocracia, revisar mandatos, fortalecer coherencia y avanzar hacia una arquitectura organizacional más eficiente y adaptada a los desafíos globales.

    Desde un enfoque de evaluación con intención transformadora, surge una oportunidad única: explorar cómo la evaluación puede contribuir activamente a maximizar el impacto y la sostenibilidad de esta reforma.

    2. ¿Qué es UN80 y por qué importa?

      UN80 es una iniciativa del Secretario General António Guterres, lanzada el 12 de marzo de 2025, centrada en tres grandes líneas: eficiencia interna, revisión de mandatos y reestructuración organizacional (Stimson Center, 2025).

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      Cómo convertir errores en gasolina y aciertos en autopistas de cambio


      En toda organización coexisten dos tribus. Una dice “aquí no se falla” (y falla en silencio). La otra dice “fallamos rápido y con propósito” (y aprende a la vista). La diferencia no es genética; es sistémica: cultura, métodos, estructura y normas que convierten cada tropiezo y cada acierto en progreso compartido.


      1) Nombra bien el fallo (o castigarás la innovación)

      No todos los errores son iguales: básicos/evitables, complejos/inevitables y “inteligentes” (exploración en terreno nuevo).
      A los primeros se les diseña fuera, a los segundos se les amortigua y a los terceros se les busca porque abren camino (Edmondson, 2011; Edmondson, 2023; Rodriguez-Ariza, 2018a–2018c).

      2) Sin seguridad psicológica, el aprendizaje se autoexilia

      Si decir “metí la pata” sale caro, el sistema lo paga doble más adelante. La evidencia reciente vincula la seguridad psicológica con mejores resultados de seguridad clínica y calidad asistencial (Montgomery et al., 2025) y, en empresa, con mayor desempeño y retención (Boston Consulting Group, 2024).
      UNICEF está impulsando esta agenda en cultura organizacional y estrategia con foco en aprendizaje adaptativo y corrección de rumbo (UNICEF, 2025a; 2025b; 2025d), además de un playbook práctico para conversaciones que refuercen inclusión y seguridad psicológica (UNICEF, 2025c). Sobre la psicología que nos dificulta reconocer errores, ver la disonancia cognitiva (Rodriguez-Ariza, 2018d).

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      Los errores se convierten en armadura de innovación


      Cómo los errores no solo se perdonan, sino se convierten en tu armadura de innovación

      Imagina que acabas de derramar café sobre un informe clave antes de enviarlo. Te mueres de vergüenza, pero… boom, justo ahí se enciende una chispa. Ese pequeño desastre, ese “error sexy”, podría ser el comienzo de algo genial.

      1. Dile adiós al error-lineal: no vale solo reportarlo, hay que sabotearlo con humor…

      En “Aprendiendo de los errores”, Basados en Amy Edmondson nos lanzamos el primer disparo certero: el error no es un “informe de autopsia”, sino una oportunidad para recalcular y reinventar. Si solo recapacitas superficialmente, estás viendo el error como una mancha en tu historial, no como un trampolín de innovación.

      • El error simple, ese por descuido o rutina, pide reintegrar atención y revisar procesos.
      • El error complejo, sin previo aviso por múltiples causas, es una escuela de sabiduría forzada.
      • El error inteligente, ese del que aprendes al experimentar, es tu brújula hacia lo disruptivo.

      2. Cultura y liderazgo: ¿castigo o apertura sexy?

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      Millones en informes… y casi nadie los lee


      Hace unos meses, un amigo me confesó que jamás había leído un informe de la ONU. “No es que no me importe el mundo —me dijo—, pero cada vez que intento abrir uno, parece que me estén hablando en otro idioma”. Esa misma semana descubrí un dato que lo resume todo: un vídeo promedio de TikTok consigue más vistas en una hora que la mayoría de los informes de la ONU en todo un año (United Nations, 2025).

      La ONU produce más de 1 100 informes anuales, revisados por decenas de departamentos y aprobados por casi 200 países. Sin embargo, un informe reciente reveló que el 20 % de estos documentos recibe menos de 1 000 descargas al año y solo un 5 % supera las 5 500 descargas (Reuters, 2025). Y ojo: descargar no significa leer.

      ¿Por qué ocurre esto?
      No es un problema de inteligencia, sino de comunicación. Investigaciones en comunicación científica muestran que el exceso de tecnicismos y la falta de narrativa disminuyen drásticamente la comprensión y el interés (Science Communication Journal, 2023; Public Understanding of Science, 2022). A esto se suma el “Efecto Comité”: textos escritos por decenas de autores y revisores que terminan sonando diplomáticos… y aburridos.

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      Muestreo con Propósito: de la Paella con Plátano al Menú Degustación


      🌶️PRÓLOGO: ¿QUÉ NOS ESTAMOS COMIENDO?

      Hay cosas que deberían tener criterio.

      Una es la comida.

      Otra es la selección de casos en una evaluación.

      Y sin embargo, más de una vez, alguien dice:

      “Haremos muestreo intencional… iremos a donde parezca interesante”.

      Eso, traducido al lenguaje culinario, es:

      “Hice una paella… con lo que había en la nevera”.

      Y así acabas comiéndote mejillones con plátano y salchichas.

      Lo mismo pasa en evaluación: sitios mal elegidos, visitas inútiles, narrativas sin sentido.

      El resultado: un trabajo de campo indigesto y conclusiones flojas.

      🍽️ ¿QUÉ ES (Y QUÉ NO ES) EL MUESTREO INTENCIONAL?

      Es:

      • Seleccionar sitios y personas porque aportan valor directo a las preguntas de evaluación.
      • Hacerlo con base en la teoría del cambio, hipótesis claras y brechas de información.
      • Asegurar variedad estratégica (zonas, resultados, modelos, públicos).

      No es:

      • Ir “donde queda cerca del aeropuerto”.
      • Visitar “lo que propone la contraparte”.
      • Elegir casos “raros” o “fotogénicos” sin razón clara.
      • Armar un recorrido “para quedar bien” con todo el mundo.

      👨‍🍳 ¿CUÁNDO SABE BIEN Y CUÁNDO SE TE INDIGESTA?

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      Duelo Final: Realist, Contribution y Theory-Based en la Corte de la Evaluación


      Una sala imponente. Mármoles brillantes. El eco de pasos firmes resuena mientras se abren las puertas del Gran Tribunal Evaluativo. En el estrado, un jurado severo observa en silencio. Tres evaluadores —con estilos distintos, trajes de lógica y argumentos afilados— se preparan para defender su enfoque. El caso: evaluar un programa de prevención comunitaria en municipios priorizados. El reto: demostrar cuál enfoque evaluativo explica mejor cómo, por qué y con qué efectos funciona.

      Escena I: El caso a resolver

      Objeto evaluativo:

      Un programa implementado por una Agencia y aliados locales para fortalecer capacidades municipales, prevenir violencia en comunidades y usar un sistema de información (SIGADENAH) en decisiones locales.

      Preguntas evaluativas clave (EQs):

      • ¿Cómo cambiaron las capacidades institucionales?
      • ¿Qué facilitó la adopción del modelo?
      • ¿Cómo se integraron las acciones preventivas?
      • ¿Qué tan útil es el Programa?

      Escena II: Entran los tres enfoques

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      Teoría del Cambio: realista, contribución o basada en teoría


      ¿Qué enfoque metodológico usamos con nuestra Teoría del Cambio? Evaluación realista, análisis de contribución o evaluación basada en teoría

      No existe una única forma correcta de utilizar la Teoría del Cambio (TdC). Todo depende de cómo evaluamos, para qué y con qué preguntas.

      Introducción

      Una Teoría del Cambio (TdC) es mucho más que un diagrama inicial. Puede ser una hipótesis causal para contrastar, una narrativa que articula mecanismos de cambio o una plataforma para aprender de la evidencia. Pero para que esto funcione, la TdC debe adaptarse al enfoque metodológico que adoptemos.

      En muchas evaluaciones caemos en una trampa: diseñamos una TdC sólida al inicio y luego intentamos usarla igual sin importar el enfoque adoptado. El resultado: confusión, debilidad analítica y pérdida de valor.

      En este artículo exploramos tres enfoques metodológicos clave y cómo cada uno utiliza la TdC de forma diferente —y también cómo podemos combinarlos de manera complementaria, cuando lo hacemos con claridad estratégica.

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      Cómo hacer Útil la Teoría del Cambio en evaluaciones


      “La Teoría del Cambio no debe quedarse en el papel. Su verdadero valor emerge cuando estructura el análisis y guía la toma de decisiones.”

      Introducción: El dilema de la ToC decorativa

      La Teoría del Cambio (TdC) ha ganado terreno como herramienta estratégica en el diseño y evaluación de programas. Desde UNICEF hasta USAID, pasando por GIZ, UNDP y fundaciones globales, todos la usan. Pero hay un problema frecuente: se elabora al inicio y luego se abandona.

      La TdC queda como un gráfico bonito, un anexo más. Pero no se actualiza, no estructura hipótesis ni se conecta con la matriz evaluativa.

      Entonces, ¿cómo lograr que la TodC sea realmente útil y no solo decorativa?

      Este post ofrece reflexiones: cómo operativizar la TdC para que sirva como brújula metodológica en el análisis evaluativo, basada en experiencias y contrastada con buenas prácticas globales.

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