Sesgos Temporales y Evaluación de Programas


¿Qué hacer para eliminar los sesgos en la Evaluación de Programas?

En el libro “Social Psychology and Evaluation” de Mark y Donaldson, se aborda el tema de los sesgos temporales y su impacto en la evaluación de programas (Cap. 6 Sesgos temporales y desviaciones en evaluación de Programas). Los sesgos temporales son aquellos que involucran juicios a lo largo del tiempo. Se identifican cuatro sesgos temporales principales:

  1. Confianza en las estrategias: Este sesgo ocurre cuando los evaluadores tienen una confianza excesiva en las estrategias que han seleccionado, lo que puede llevar a una falta de adaptabilidad y flexibilidad a medida que cambian las circunstancias.
  2. Reacciones emocionales: Las emociones pueden influir en cómo se perciben y se recuerdan los eventos, lo que puede afectar la evaluación de los resultados del programa.
  3. Evaluaciones de resultados: Este sesgo se refiere a la tendencia a juzgar los resultados basándose en la información disponible en el momento de la evaluación, en lugar de considerar todo el período de tiempo relevante.
  4. Proyección Temporal: Este sesgo se refiere a la tendencia a sobreestimar la similitud entre el presente y el futuro. Los evaluadores pueden asumir que las condiciones actuales continuarán en el futuro, lo que puede afectar la precisión de las proyecciones y predicciones del programa.

Para contrarrestar estos sesgos, Mark y Donaldson proponen el uso de un modelo integrador de sesgo y des-sesgo. Este modelo sugiere que los evaluadores deben ser conscientes de estos sesgos y tomar medidas activas para minimizar su impacto. Esto puede implicar (1) el uso de múltiples métodos de evaluación, (2) la revisión constante de las estrategias de evaluación, (3) la consideración cuidadosa de cómo las emociones y las percepciones pueden estar influyendo en las evaluaciones de los resultados, y (4) la consideración de cómo pueden cambiar las condiciones en el futuro y la inclusión de un rango de posibles escenarios en la planificación y evaluación del programa.

En resumen, la evaluación de programas es un proceso complejo que puede verse afectado por una variedad de sesgos. Al ser conscientes de estos sesgos y tomar medidas para minimizar su impacto, los evaluadores pueden mejorar la precisión y la utilidad de sus evaluaciones.

Métodos en Psicología Social y en Evaluación


La psicología social y la evaluación de programas son dos campos que, aunque tienen enfoques distintos, comparten la base de la investigación empírica y su aplicación práctica. Veamos cómo se relacionan y cómo pueden beneficiarse mutuamente:

  1. Objetivos y Enfoques:
    • Psicología Social:
      • Objetivo: Comprender el comportamiento social y las interacciones humanas.
      • Enfoque: Estudia cómo las personas forman impresiones, creencias y actitudes sobre los demás.
    • Evaluación de Programas:
      • Objetivo: Evaluar la efectividad de intervenciones o políticas.
      • Enfoque: Analiza programas específicos y su impacto.
  2. Métodos de Investigación:
    • Psicología Social:
      • Utiliza observación naturalista, encuestas y experimentos de laboratorio.
      • Busca patrones y tendencias en el comportamiento social.
    • Evaluación de Programas:
      • Emplea análisis de lógica, evaluación de necesidades y diseño de programas.
      • Realiza estudios experimentales, cuasiexperimentales y mide resultados.
  3. Variables de Interés:
    • Psicología Social:
      • Variables relacionadas con el comportamiento, actitudes y relaciones interpersonales.
    • Evaluación de Programas:
      • Variables específicas según el programa evaluado (por ejemplo, tasas de éxito, cambios en habilidades).
  4. Aplicación Práctica:
    • Psicología Social:
      • Busca aplicar hallazgos en la vida cotidiana y en la comprensión de las relaciones humanas.
      • Puede proporcionar información valiosa sobre dinámicas sociales y cómo las personas interactúan en contextos reales.
    • Evaluación de Programas:
      • Aplica resultados para mejorar intervenciones y tomar decisiones informadas.
      • La psicología social puede ayudar a comprender cómo los factores sociales influyen en los resultados de los programas.
  5. Ética y Validez:
    • Psicología Social:
      • Considera la ética en la investigación y la validez ecológica.
      • Busca aplicar sus hallazgos de manera ética y relevante en la vida cotidiana.
    • Evaluación de Programas:
      • Considera la ética y evalúa la validez interna y externa de los resultados.
      • La psicología social puede aportar perspectivas sobre la validez ecológica y la aplicabilidad de los resultados.

Mientras que la psicología social se centra en los aspectos humanos del comportamiento social cotidiano y las relaciones interpersonales, la evaluación de programas se enfoca en medir el impacto de intervenciones específicas. Ambas áreas pueden enriquecerse mutuamente al considerar cómo los factores sociales influyen en los resultados de los programas y viceversa.

Áreas de Interés Común

  1. Factores Sociales y Comportamiento:
    • Tanto la psicología social como la evaluación de programas se interesan en cómo los factores sociales afectan el comportamiento individual y grupal.
    • Ambas disciplinas buscan comprender cómo las interacciones sociales influyen en las decisiones y acciones de las personas.
  2. Mejora del Bienestar Humano:
    • La psicología social y la evaluación de programas comparten el objetivo de mejorar el bienestar humano.
    • La comprensión de las dinámicas sociales y la efectividad de las intervenciones contribuyen a este propósito común.
  3. Aplicación Práctica y Soluciones Reales:
    • Ambas áreas se comprometen con la aplicación práctica del conocimiento científico.
    • Buscan resolver problemas reales en comunidades y organizaciones mediante la implementación de programas efectivos.
  4. Ética y Validez:
    • La ética es central en ambas disciplinas, asegurando que los estudios y evaluaciones respeten los derechos individuales y promuevan el bien común.
    • La validez de los hallazgos es crucial; ambas áreas buscan resultados generalizables y aplicables más allá del contexto inmediato.

En conclusión, la colaboración entre la psicología social y la evaluación de programas puede proporcionar una comprensión más completa del comportamiento humano dentro de contextos sociales estructurados por programas e intervenciones.

La Construcción Social del Yo


La construcción de la identidad y el yo es un tema fascinante en la psicología social. Estos conceptos no son inherentes al individuo, sino que se construyen socialmente a través de elementos culturales, como el lenguaje, las disciplinas científicas y diversos discursos ideológicos.

El papel que desempeñamos: Nuestra identidad se forma en parte por los roles que asumimos en la sociedad. Ya sea como estudiante, amig@, profesional o miembro de una familia, estos roles influyen en cómo nos percibimos a nosotr@s mism@s y cómo nos ven los demás.

La comparación social: Constantemente nos comparamos con l@s demás para evaluar nuestro propio valor y posición. La comparación social puede afectar nuestra autoestima y percepción de nosotr@s mism@s.

Experiencias de éxito y fracaso: Nuestras experiencias de éxito y fracaso moldean nuestra identidad. El éxito puede aumentar nuestra autoconfianza, mientras que el fracaso puede generar dudas y afectar nuestra autoimagen.

Los juicios de otras personas: La percepción que los demás tienen de nosotr@s influye en cómo nos vemos a nosotr@s mism@s. Los juicios y opiniones de los demás pueden afectar nuestra autoestima y autoconcepto.

La cultura y el yo: La cultura en la que vivimos también juega un papel importante en la construcción de nuestra identidad. Las normas culturales, valores y creencias influyen en cómo nos definimos y cómo nos relacionamos con los demás.

En resumen, nuestra identidad y yo no son estáticos, sino que evolucionan a lo largo de la vida en función de nuestras experiencias, roles sociales y la cultura que nos rodea. No existe un “yo auténtico” universal, ya que nuestra identidad es multifacética y contextual.

La persuasión y sus técnicas


En psicología, la persuasión: 

(1) es una habilidad de influencia social necesaria para la formación y sentido de pertenencia en grupos.

(2) consiste en la utilización deliberada de la comunicación para cambiar, formar o reforzar las actitudes de las personas, siendo estas últimas representaciones mentales que resumen lo que opinamos de las cosas, personas, grupos, acciones o ideas.

Existen diferentes niveles de persuasión, desde (a) el consejo, pasando por (b) la exposición de argumentos, hasta (c) la manipulación y extorsión. Debido a que las actitudes juegan un papel importante en la forma de comportarse, un cambio en ellas debería dar lugar a un cambio en nuestro comportamiento, que es lo que, en última instancia, se pretende con la persuasión.

Al igual que todas las habilidades, la asertividad y el arte de la persuasión se pueden adquirir a través del conocimiento de las diferentes estrategias, la práctica y la motivación. Las técnicas de persuasión son un conjunto de acciones o procedimientos que se llevan a cabo con el objetivo de convencer a alguien sobre algo concreto y, además, que se comporte de acuerdo a ello.

Algunas técnicas de persuasión:

1. Técnica de la reciprocidad

Se basa en el concepto de la reciprocidad. Esto tiene que ver con en el hecho de que si tú haces algo primero, sin que nadie te lo haya pedido antes, de alguna forma está en la naturaleza humana que la gente se sienta en deuda contigo.

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Leon Festinger y la Teoría de la disonancia cognitiva


Leon Festinger (Nueva York, 1919-Nueva York, 1989) fue un psicólogo social estadounidense. Fue autor de la Teoría de la disonancia cognitiva (1957), obra en la que expone su teoría de la disonancia cognitiva, que revolucionó el campo de la psicología social, y que ha tenido múltiples aplicaciones en áreas tales como (a) la motivación, (b) la dinámica de grupos, (c) el estudio del cambio de actitudes y (d) la toma de decisiones.

En psicología, el término disonancia cognitiva hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes. Sigue leyendo

La «teoría del empujón» para influir en nuestras decisiones


La economía conductual o del comportamiento se encarga de la investigación científica en las tendencias cognitivas y emocionales humanas y sociales para una mejor comprensión de la toma de decisiones económicas. Este campo también se aplica a la forma como esas decisiones afectan a los precios de mercado, beneficios y a la asignación de recursos.

El «empujón o empuje» (Nudge) es un concepto en ciencias del comportamiento, teoría política y economía del comportamiento que propone refuerzo positivo y sugerencias indirectas como formas de influir en el comportamiento y la toma de decisiones de grupos o individuos. Empujar contrasta con otras formas de lograr el cumplimiento, como la educación, la legislación o la aplicación.

El concepto de empuje se popularizó en el libro bestseller mundial de 2008 «Un pequeño empujón: el impulso que necesitas para tomar mejores decisiones sobre salud, dinero y felicidad«, en el que los conceptos de economía conductual fueron utilizados para abordar muchos de los grandes problemas sociales, por dos académicos estadounidenses de la Universidad de Chicago: el economista estadounidense Richard H. Thaler y el estudioso legal Cass Sunstein. Thaler fue premiado con el Nobel de Economía 2017, por «su contribución a la economía conductual». Sigue leyendo

Los siete pasos del pensamiento lateral


El pensamiento lateral” (de Edward De Bono)  se caracteriza por ser creativo, considerándose como una habilidad mental adquirida en busca de una solución mediante métodos no ortodoxos, que normalmente serían ignorados por el pensamiento lógico. 

He aquí los siete puntos básicos del sistema de Edward De Bono para mejorar el pensamiento lateral:

1. No apresurar juicios (NPI). 

2. Considere todos los factores (CTF), Sigue leyendo

La disonancia cognitiva y no alcanzar las uvas


En psicología, el término disonancia cognitiva (o disonancia cognoscitiva) hace referencia a la tensión o desarmonía interna del sistema de ideas, creencias y emociones (cogniciones) que percibe una persona que tiene al mismo tiempo dos pensamientos que están en conflicto, o por un comportamiento que entra en conflicto con sus creencias. Es decir, el término se refiere a la percepción de incompatibilidad de dos cogniciones simultáneas, todo lo cual puede impactar sobre sus actitudes. Sigue leyendo

Hay que hacerlo más


En «Reconocer los errores aumenta la credibilidad, también en el trabajo»  M. Victoria S. Nadal  nos cuenta que ya sea por vergüenza o miedo a las consecuencias, nos cuesta admitir nuestros fallos. Pero la ciencia demuestra que, como se suele decir, rectificar es de sabios.

Si ser capaz de reconocer los errores (1( refuerza la credibilidad y (2) contribuye a aumentar la productividad, ¿por qué cuesta tanto hacerlo? Una de las explicaciones es (1) el temor a la humillación y a que (2) las capacidades de la persona equivocada se vean cuestionadas. En esta situación, entra en juego:

(A) La disonancia cognitiva, es decir, el mecanismo mental que utilizamos para protegernos cuando lo que pensamos y lo que hacemos es contradictorio. Nos creemos personas racionales e inteligentes, y cuando encontramos una información que contradice esta idea la rechazamos. Admitir que estamos equivocados es doloroso para la percepción que tenemos de nosotros mismos. Cuando nos disculpamos por haber cometido un error, tenemos que aceptar esa disonancia, aunque no sea placentero. Sigue leyendo

El síndrome del impostor


El síndrome del impostor, a veces llamado fenómeno del impostor o síndrome de fraude, es un fenómeno psicológico en el que la gente es incapaz de internalizar sus logros y un miedo persistente de estar descubierto como un fraude. No es una enfermedad mental oficialmente reconocida, y no se encuentra entre las condiciones descritas en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales, pero ha sido el sujeto de numerosos libros y artículos por psicólogos y educadores. El término fue acuñado por las psicólogas clínicas Pauline Clance y Suzanne Imes en 1978. Sigue leyendo